Solos, en la plaza, sentados en un banco, trapicheaban entre las mil cosas que se les venían encima. De repente, desde una puerta se encendió una sombra. De la oscuridad emergió una cara de sonrisa infinita. “¿Queréis un poco de café?”. Sorprendidos y agradecidos, aceptaron la bienvenida de aquellas tazas de una desconocida como un flechazo de confraternidad humana. “La conexión con Bezas fue diez de diez desde la primera llamada que tuvimos con el alcalde. Buscábamos un lugar cerca de zonas de escalada. No pudimos encontrar un lugar mejor. Son la gente más acogedora del mundo mundial”.
Acertaron de pleno con Bezas. Allí, hace unas semanas, Jimena Villar de Onís y sus compañeras de ‘Climbing for Palestine’ organizaron el I Encuentro de Escalada por Palestina. Junto a Albarracín sintieron la solidaridad cercana del olvidado, como la gente que persiste en su pueblo, esa resistencia por seguir siendo contra todo. Esa misma fraternidad desinteresada que ellas lanzan como una cuerda que quiere amarrarse a la esperanza del pueblo palestino. “Cuando les dijimos que, por cuestión del boicot, no podíamos vender ciertas marcas en la barra, no pusieron ningún problema. Encima nos cedieron su cine para las proyecciones y debates. ¿Cómo nos íbamos a imaginar que en un pueblo tan pequeño tuvieran un cine? Lo llenamos. No cabía ni un alma. La gente tuvo que sentarse en el suelo”, relata Jimena.
El llamamiento fue desbordante, aunando el abrazo de la comunidad escaladora alrededor de los Pinares de Rodeno, “con la implicación de los alojamientos y tiendas especializadas” y muchos habitantes de la zona. Multiplicaron por seis la población de esta localidad, que apenas cuenta con cincuenta censados, apasionada por latir de vida en un fin de semana de intercambio de visiones y experiencias: charlas sobre derechos humanos en el deporte, el vínculo entre escalada y resistencia y el papel de las mujeres en la resistencia palestina; la proyección de los documentales temáticos Never Stop Climbing y Resistance Climbing; talleres de serigrafía y yoga, o un mercadillo y una cena solidaria.
El encuentro de Bezas fue un foco para seguir dando luz sobre el ‘apartheid’ que sufren los treparrocas de Palestina, recaudar fondos de apoyo a entidades como Wadi Palestine Organisation, impulsora de proyectos de escalada en Cisjordania, o Palestine Red Crescent Society, y difundir la campaña por el veto de los escaladores israelíes involucrados en el conflicto en competiciones internacionales.
Este colectivo promueve acciones solidarias e informativas y persigue la suspensión internacional de la Federación de Israel por su colaboración en «crímenes de ocupación y guerra».
‘Climbing for Palestine’ nació en 2023 en Reino Unido “lejos del odio, sino desde un profundo amor por la humanidad” y apegado a valores indisolubles del alma de la escalada: libertad, solidaridad, empatía, resistencia… Hace ahora un año esta conciencia pacífica se vertebró en España con la participación en el maratón solidario que completó 768 kilómetros en la roca entre el 30 de mayo y el 27 de junio de 2025. ¿Por qué justamente esta distancia? Porque es la macabra longitud del muro de la vergüenza que separa Palestina de Israel.
De este fogonazo prendió un grupo estable de unas sesenta personas que va creciendo y cada vez tiene más implicación en Aragón. Expanden su mensaje mediante charlas y asistencia a encuentros de escalada, visibilizando la frustrante irrealidad de sus iguales palestinos. “En Palestina no hay una instalación con presas homologadas para la competición. Estamos en disposición de enviar un tablero de entrenamiento, pero la incógnita es dónde instalarlo, porque puedes llevarlo a un rocódromo y que resulte inútil. Los controles de acceso que impone la ocupación de Israel obligarían a un escalador palestino que vive a quince minutos a tener que esperar dos horas para llegar y utilizarlo. Es frustrante”, narra Jimena.